Hacia la ficción moderna: el amor cortés.

Codex Manesse
En la entrada anterior hablábamos del feudalismo y la caballería. Esta vez el Amor Cortés, sin el que no pueden entenderse las anteriores, será el protagonista.

Como género nació en el s XII, a manos de los poetas trovadores de Provenza. 

En ellos, un hombre expresa su amor por una dama, a menudo casada y perteneciente a una clase superior. Estos personajes femeninos son, o muy crueles con sus pretendientes, o un ejemplo de virtud. Sea cual sea el caso, son como una fuerza natural dentro de la historia. No sufren una evolución ni sabemos mucho de ellas. Sirven como una tormenta a un marinero en una barca de ramas.

Para la mentalidad medieval éramos, pues, un pecado inevitable.

El enamorado intenta ganarse a la mujer, que se muestra reacia. Si, al final de la historia, consigue su objetivo y la dama ya tenía pareja, mantendrán una relación ilícita y adúltera. Este proceso insta al caballero a mejorar sus virtudes, a través de las cuales conseguirá conquistar o no. 

La caballería no se entendía sin él, pero el amor cortés es una ruptura de lo ideales que debían perseguir. Sin embargo, eran de por sí un toque de realismo de una sociedad estancada en los matrimonios concertados.

De aquí podemos extraer la base del papel femenino en la mayor parte de la ficción fantástica moderna. Un objeto de deseo, encerrado de una forma o de otra, que el protagonista debe obtener o rescatar. Nuestro otro papel era el de una fuerza negativa.

Como pilar central de la épica moderna, ESDLA tiene bastante que decir sobre esto. Por un lado tenemos a Aragorn y Arwen. Por raza y posición, la elfa está en origen en una liga muy diferente al montaraz. Sin embargo, al final del camino del héroe, Aragorn se hace merecedor del matrimonio y del gobierno de Gondor.

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Gimli (que es la pareja perfecta de Legolas, pero ya se sabe) muestra una adoración sin reservas por la casada Galadriel. Por supuesto es un amor imposible, platónico.

Y por último tenemos a Éowyn. Aquí de nuevo rompe con el canon femenino y persigue una historia normalmente relegada a los varones. La guerrera de Rohan se enamora de Aragorn, creando la clásica figura del triángulo amoroso. Pero, de nuevo saliéndose de la norma, el fracaso de Éowyn con Aragorn no será definitorio. No le espera una eterna desdicha en soledad y encuentra un amor sencillo y correspondido en Faramir.

En "Añoranzas y Pesares" de Tad Williams tenemos también un ejemplo de triángulo de amor cortés. En este caso son el rey Elías y su hermano Josua. Lo que viene a continuación es un spoiler: este es un ejemplo interesante porque da otro pequeño giro al amor cortés. Elías es quien consigue casarse con la dama, pero esta victoria se convertirá después en la fuente de todas las desdichas de la historia. Sin embargo Josua, en teoría perjudicado, encontrará otro tipo de relación con Vorzheva.

En universos como la Dragonlance o Reinos Olvidados hay pequeños toques de este tipo de romance. El más obvio es, probablemente, el de Sturm Brightblade y Alhana Starbreeze. Sin embargo, en general, son novelas que en busca de una mayor empatía con el lector moderno se han ido despegando poco a poco de este concepto. Tiene mucho que ver con que la fantasía se ha ido plagando cada vez más de personajes con orígenes humildes. En el caso del propio ESDLA, ya había un atisbo de esto con Sam y Rosita Coto.

Esta mezcla de romances es común, en general, a la mayor parte de la fantasía de entre épocas como "la Rueda del Tiempo" o "Las Crónicas de Belgarath".

En la fantasía actual, el amor cortés suele ser motivo de bromas para el grimdark (como los intentos de seducción de Gorst en "los Héroes"). En Geralt de Rivia las mofas, a través de Jaskier pero con todo el conjunto social respaldándolo, son constantes Y, en las historias de corte menos violento, como las de Brandon Sanderson, las relaciones entre los personajes masculinos y femeninos son ya muy diferentes incluso aunque sigan una dinámica parecida. En "la crónica del asesino de reyes", de Patrick Rothfuss, se aprecia algo de este tópico entre Denna y Kvothe; pero es una historia demasiado velada a falta de la tercera entrega.

A Rob Stark ya le mencionábamos al respecto en la entrada anterior. Su romance con Jane Westerling (Talisa en la serie) es representativo de la evolución del amor cortés. Sigue al pie de la letra sus características pero además posee, como toda la obra de Martin, una enorme crítica social y fina ironía. Ella aparece como una dama curadora en todos los sentidos. Pero esta relación, que conlleva la paradigmática ruptura de valores caballerescos necesaria para el amor cortés, también será el desencadenante de la impactante Boda Roja.

No es el único dentro de este juego de ironías y giros de Canción de Hielo y Fuego. Por ejemplo, Sansa Stark es prometida a Joeffrey, que, en principio, a ella le parece el caballero perfecto. Sin embargo, muy pronto descubrirá la verdadera cara del monstruo con el que debe casarse. Y, cuando ese enlace queda por fin roto, será prometida a Tyrion, a quien considera físicamente un monstruo y todo lo contrario a los ideales caballerescos. Pero será una de las primeras personas en tratarla bien en mucho tiempo.


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