La Bruja Escarlata, Robinson o cómo pasé varias horas con las cejas en el nacimiento del pelo.

Portadas soberbias del gran David Aja, colores de ensueño y dibujos que te acercan a la magia y lo onírico. Un trabajo gráfico notable, con equipos que cambian, para un personaje que se lo merece.

Después de Dinastía de M vine aquí con la emoción desbocada. Estos dos tomos habían tenido muy buenas críticas de gente con un criterio similar al mío y yo quería justicia para Wanda. Que fuera protagonista de su propia historia por fin, no una heroína trágica entre bambalinas.

Y sí. La Bruja toma las riendas de su vida.

Pero ¿Cómo las toma? en lo personal, defraudándome. Para empezar tenemos la historia de cómo la revolución francesa fue causada por un demonio de la envidia que se metió en la cabeza de la gente. Es decir. Para Robinson, después de un invierno durísimo, guerras interminables y un elevado precio de la sal que estaban llevando a la hambruna y la muerte a miles de personas, mientras otros vivían a todo lujo, el problema era la e-n-v-i-d-i-a. Envidia. No la supervivencia. No la justicia. No. La envidia. 

Creo, con honestidad, que ni siquiera estaba pensando en las implicaciones de lo que estaba soltando. Pero menuda perlita. 

No voy a decir que la revolución francesa estuviese exenta de actos de envidia u odio. Está claro. Hubo venganzas. Pero desde luego esa no fue la razón para semejante explosión social. Reducirlo a eso me parece clasista. "La Bruja Escarlata" es por supuesto una obra de ficción que puede contar lo que le de la gana, en el universo Marvel pueden hacer que este evento histórico fuera cualquier cosa. Pero de una obra que pretende romper esquemas, sacando de la nevera donde nunca debió estar a Wanda, esperaba mucho más. 

Luego está el formato de las historias. Como una Miss Marple, Wanda recorre el mundo para conocerse a sí misma y resolver misterios.

Muy bonito hasta que llegas al pequeño detalle de por qué nadie en esos lugares, si no es por ella, podría resolverlos. Esto algo muy personal, pero nunca he soportado las historias de héroes salva mundos porque en esos sitios no tienen a nadie que pudiese hacerlo. 

Wanda no viaja para aprender y conocerse. Wanda viaja para descubrir una y otra vez que ella ya era divina. Que tiene potestad para actuar en todas partes y que sin ella el mundo entero se habría destruido. 

Es, por supuesto, parte de toda la base del universo superheróico en general. Pero una que siempre he detestado. Y este formato es así de raíz. 
Intenta hasta bromear con el tema pero ni siquiera tengo muy claro por qué, porque sigue haciendo lo mismo.
Luego está su viaje a Logroño. Con sus monjas dadas a la homeopatía. Después entendí que el autor estaba confundiendo los métodos medicinales clásicos, hierbas, emplastos, cuando aún no había medicina moderna, con la homeopatía.

Se me debe haber metido a mí también el demonio ese de la ira porque podría seguir un rato largo con estas puntillas. Y eso que no soy una gran fan de las entradas de odio precisamente. El caso es que lo voy a dejar aquí porque no dudo que el autor hiciese su máximo esfuerzo en el tebeo. Que tiene buenas aventuras y, en especial, la grapa que junta la historia con los eventos de la Guerra Civil, resulta soberbia. 


Comentarios

  1. Ah, ¿pero que tenemos superhéroes propios? A ver si es que están ocupados con la homeopatía.

    Qué pena la verdad. Y el reincidir en la masa enfurecida que busca castigo obviando los motivos sigue siendo "ay los snowflakes" "estos ofendiditos".

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